Manifiesto “TRABAJO SEXUAL ES TRABAJO” por Josecarlo Henriquez, prostituto feminista:

Estuvimos en el lanzamiento de la segunda edición del libro #SoyPuto del autor chileno, prostituto, feminista y activista del Colectivo Utopico de Desidencia Sexual (CUDS), Josecarlo Henriquez, quién nos dio acceso al manifiesto leído en el evento realizado en el Centro Arte Alameda, donde Jorge Díaz, Sofía Devenir, Noelia le Shalá y Coni González Marchant estuvieron a cargo de la presentación del ejemplar.

 

“TRABAJO SEXUAL ES TRABAJO”

“Estos días previos al relanzamiento de mi libro #SoyPuto mis nervios, mi ansiedad se han desbordado en distintos momentos. Siempre he sido muy ansiosa y mi sistema nervioso se constituye por el daño, así que también he aprendido cómo suavizar esas crisis neuróticas y seguir siendo sensual.

Hace 2 noches me robaron el celular y putiar en tiempos de WhatsApp genera una dependencia tan fuerte al teléfono, que me dio bastante pena, mas aun teniendo encima este evento que tanto me importa. Pero la posibilidad de publicar un libro, de reunir activismos y distintos trabajos sexuales en un solo lugar es algo tan bello y escaso en nuestro contexto nacional, que la tristeza por mi celular (que ya no es mío), se desvaneció gracias a la insistencia de esta posibilidad inevitable cuando eres puta, porfiada y te gusta escribir.

El 12 de abril del 2016 lancé por primera vez #SoyPuto y no tenia idea de muchas cosas que significaría hasta el día de hoy. Pienso que el trabajo sexual contiene tanto conocimiento milenario y subversivo que cada vez se me ha vuelto mas urgente e inspirador reunirme con otrxs colegas y conversarnos lo que algún día todas publicaremos en bellos libros reivindicativos y calientes. Han pasado 2 años donde la colectividad ha seguido enseñándome muchas cosas, gustándome o no, sobre lo que significa articularse e imaginar nuevas formas de lucha. Emputesidas ha sido este nuevo cruce, mas intencionado que accidental, en estos últimos 2 años, una especie de deseo colectivo donde distintxs trabajadorxs sexuales queremos encontrarnos para intervenir en esta realidad neoliberal y cristiana que se nos impone. Pero toda organización cuesta, mas aun cuando nos enseñan solo la individualidad en el colegio como estilo de vida. Por suerte, nos hemos ido encontrando con otras trabajadoras sexuales organizadas (como Fundación Margen y Amanda Jofre acá en chile y AMMAR allá en Argentina) que nos han ido dando mas respaldos para seguir con nuestra insistencia de organizarnos como putas politizadas. Así también lo aprendí hace unos años cuando Hija de Perra me incitaba a exhibir mi prostitución y mis vecinas de la CUDS me enseñaban lo subversivo de una biografía marginal y hambrienta de sexo. Aunque a las putas nos prefieran silenciosas, estas articulaciones han generado aun más pasión en nuestra labor sexual.

Escribir sobre nuestros fracasos como putas feministas en un mercado sexual machista ha sido fundamental para no deprimirnos en el desarrollo de nuestra labor. Ser puta no es reproducir el patriarcado, quizás prohibirnos trabajar y deslegitimar nuestras voces sí lo reproduzca.

Y si alguien cree (porque nos consta que muchas personas lo creen) que escribir un libro siendo puto es un privilegio, quiero decirles que no estoy de acuerdo. Creo profundamente en la toma de la palabra, así como creo en las tomas universitarias, en tomarse las calles, tomarse viviendas, tomarse los medios de producción cultural y muchas otras tomas. ¿Acaso las putas tenemos que ser las eternas silenciosas y maltratadas para que no se nos trate de “privilegiadas”? A colegas bio-mujeres las han tratado de privilegiadas por ser bellas y sensuales. Entonces yo me pregunto ¿cuál es el criterio que se usa al calificarnos a ciertas activistas sexuales de privilegiadas? ¿Un pene? ¿Una supuesta belleza? ¿Que sea tan patuda que escriba un libro no por letrada sino por patuda? ¿Esos son los criterios? Creo que así como existen feministas abolicionistas que por ningún motivo legitiman nuestro trabajo sexual, existe un activismo cristiano que sin creer en Jesucristo siguen adorando la imagen del sacrificado, de ese mesías torturado que mientras mas dolor y llagas exhiba es mas alabado. Que no estemos llorando en este momento no significa que no sintamos dolor. Pero por qué a las putas se nos exige gozar completamente nuestro trabajo, cuando para cualquier trabajador hay días buenos y días malos en la pega y, sin embargo, nadie anda aboliendo esos oficios. Dejen de ladrar sus abolicionismos moralizantes y escuchen lo que tenemos para decir. Somos putas, no weonas.

Creo que es fundamental para nuestra lucha la articulación con ciertos feminismos que sí reivindican el trabajo sexual y no lo confunden con el abuso ni la trata de personas. A propósito de la ola feminista, la discusión sobre nuestros derechos debiese darse con mas frecuencia, pero al parecer hay un feminismo que hegemoniza la discusión en Chile, ese feminismo blanco y burgués de mujeres que dicen desde su superioridad moral lo que otras mujeres deben hacer. Ese feminismo de la igualdad entre hombres y mujeres, donde el genero se resguarda no se contamina ni se critica. Ese feminismo no quiere articularse con nuestras voces porque solo somos victimas para ellas. Sin embargo, estos otros feminismos de la disidencia sexual han sido los flujos que nos han permitido pensarnos mas allá de la obvia explotación laboral y  emanciparnos de esa tragedia oscura y despolitizada que supuestamente significa ser prostituta.

Nos gusta ser putas porque nos gusta saber que hacemos con nuestro cuerpo lo que nos plazca, tanto como abortar y también ponerles tarifa a nuestros coitos. Que sea mi cuerpo, mi decisión. Pues nosotras hemos decidido cobrar por sexo.”

 

Por Josecarlo Henriquez Prostituto feminista, activista de CUDS (Colectivo Utópico de Disidencia Sexual), autor de #SoyPuto.

 

Coni González y Josecarlo Henriquez
Sofía Devenir
Coni González
Noelia le Shalá
Jorge Díaz
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Publicado en: art

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