De trashy tattoos a looks fashionistas; El estigma social que va desapareciendo

Por: Marcelo Cardespi 

Todos tenemos a ese amigo o amiga con súper tatuajes que parecen una obra de arte captadora de miradas y asombros, cada vez que tenemos la oportunidad de verlos. Pero, hoy en día, además, se está desarrollando un gusto personal por quienes eligen tatuajes random y, de cierta manera, sin ningún significado o una historia en particular, ¿o quizás sí?

Desde hace un tiempo, en el corriente social, están surgiendo los tipos “prisión”, “marino mercante” o “alfabeto rúnico”, que no tienen un aspecto clásico o de paradigma de hermosos, pero que logran un equilibrio estético con la personalidad de quienes los usan con orgullo y que, con ellos, se ven bastante interesantes y atractivos. Un ejemplo de estos son los de artistas musicales, modelos y personajes públicos, como Andy Butler, Amy Winehouse, Watkin Tudor Jones, Vin Los, Beth Ditto, Harry Style, Freja Beha Erichsen, e incluso gente que en las calles pareciera que usa tatuajes erráticos y mal hechos, aunque lo que representan fue siempre la loca idea de acerca de cómo ellos debían ser. 

 

Entramos nuevamente en el área de lo que es normal, con relación a las etiquetas sociales, o lo de lo que es curioso y llamativo, por ser riesgosamente diferente, siendo criticado por gente que se relaciona a la farándula, los que lo califican como “feos”. Sin embargo, si estás bien con cada tinta que te has hecho, sin importar si entras o no al selecto círculo de los tatuados cool, no hay por qué preocuparse, si tienen o no que gustarle a la gente que te rodea.

Hoy en día, esta ya es una tendencia que a muchos, y sobre todo al mundo de la moda con modelos reales, o simplemente maquillados con tatuajes temporales, agrada aún más, porque fusionan muy bien con diseños clásicos, de alta costura o el estilo callejero presentados en las pasarelas, como los expuestos en las temporadas 2015 a 2018 de la semana de la moda o editoriales desde GUCCI, CHANEL, PHILLIP PLEIN y tantos otros más que, al parecer, están incentivando  una conciencia que tiende a decir “¡basta con lo convencional, en las apariencias!”, abriéndole espacio a un colectivo de personas que hacen, dicen y visten lo que quieren, con un discurso al que no le importa el qué digan sobre ti, ya que lo fundamental consiste en ser tú mismo, donde quiera que vayas, y que los tatuajes (¡de hecho!) no te definen ni te clasifican como persona, sobre todo a la hora de entrar en el tan complicado mundo laboral tradicional.

 

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